NOVEDAD EDITORIAL: EL BARROCO, MARCA DE AGUA DE LA NARRATIVA HISPANOAMERICANA

Cevallos, Santiago
El Barroco, marca de agua de la narrativa hispanoamericana.
Madrid / Frankfurt, 2012, Iberoamericana / Vervuert, 323 p.,
Ediciones de Iberoamericana, 62
ISBN: 9788484896883

BarrocoEste libro propone una suerte de alegorización del concepto actual de Barroco literario hispanoamericano. En este sentido, se postula ante todo la existencia de un Barroco latente en relación con un Barroco como manifestación. La idea de un Barroco latente puede ser observada por lo menos en tres niveles distintos: a) en la convivencia del Barroco con otras estéticas en el texto literario, vale decir, en la concepción del Barroco como sustrato o soporte del texto; b) en la visualización del Barroco a partir de los conceptos de melancolía y paranoia; c) en la concepción del Barroco como rastro, es decir, en la búsqueda de un Barroco negado o descartado que se correspondería con la crítica de la utilización del “color local” en la literatura. El concepto de Barroco latente se desarrolla a partir de las obras de Pablo Palacio, Juan Carlos Onetti y Jorge Luis Borges, mientras al concepto de Barroco como manifestación se lo piensa a partir del proyecto literario de José Lezama Lima.

Índice, introducción y cómo adquirir el libro, pichando aquí.

HISPANOAMÉRICA O EL NUEVO JARDÍN DE LAS HESPÉRIDES

Madrid / Frankfurt, 2012, Iberoamericana / Vervuert, 192 p., € 18.00 La Crítica Practicante. Ensayos latinoamericanos, 7 ISBN: 9788484896623

Dice Sergio Ramírez que si José Martí nunca fue a Nicaragua, Nicaragua sí fue a José Martí.

Dicho encuentro habría ocurrido la primera y última vez que Martí y Rubén Darío pudieron verse, un 24 de mayo de 1893 en Hardman Hall, Nueva York. En esa ocasión quedó manifiesto un hecho incontrovertible para la posteridad literaria: que Martí era un maestro para Darío pero también, de alguna manera, un padre.

“¡Hijo!”, exclama el poeta cubano al encontrarse “en un cuarto lleno de luz” con el poeta nicaragüense la noche de ese 24 de mayo. Inmediatamente después –sigue Ramírez- tuvieron que separarse: Martí, involucrado en el movimiento revolucionario de la independencia de Cuba, continúa un periplo que lo conduce a Tampa, de ahí a Santo Domingo, prosigue a Puerto Príncipe y después a Costa Rica. Darío, por su parte, se embarca a Francia el 7 de junio. Nunca más volverían a verse. Dos años después, el 19 de mayo de 1895, Martí caería abatido en la Batalla de Dos Ríos. Darío, en Los raros, se lamenta: “pero ¡oh maestro!, ¿qué has hecho?” Sigue leyendo