#NovedadVervuert La modernidad imaginada: arte y literatura en el pensamiento de José Carlos Mariátegui (1911-1930)

El pasado 3 de mayo, en el marco del II Congreso Internacional de Teorías, Crítica e Historias Literarias Antonio Cornejo Polar, Álvaro Campuzano, junto con Nicolás Magaril y Rafael Mondragón, presentó en Lima su obra La modernidad imaginada: arte y literatura en el pensamiento de José Carlos Mariátegui (1911-1930). Aquí reproducimos algunos fragmentos de los textos leídos por el autor y por Nicolás Margaril, que nos cedieron generosamente.

Álvaro Campuzano Arteta 2

«En su conjunto, el foco de atención de este libro se dirige hacia ámbitos más bien relegados de la obra de Mariátegui: su prosa modernista de juventud, poblada de visiones románticas de Lima y el mundo, y un libro de ensayo cuya gestación fue interrumpida (que se proyectaba publicar en Buenos Aires) donde se plasma una amplia reflexión sobre el potencial crítico de las vanguardias literarias y artísticas.  El hilo principal que trama o enlaza las dos secciones, la cuestión a la que siempre retornan los diversos capítulos, remite a un anhelo, a una disposición de experimentar el mundo a contracorriente del curso efectivo de la historia. Leer a Mariátegui desde esta perspectiva constituye, entonces, una invitación a leer, en sintonía con su propio itinerario pero yendo incluso más allá de él, la amplia estela de los modernismos y vanguardismos latinoamericanos en búsqueda de señales que activen el recuerdo de otras formas imaginadas pero posibles de ser modernos.

Así, el impulso detrás de toda esta indagación se guía por la mirada del ángel de la historia figurado por Benjamin: ante la destructividad del progreso, especialmente intensa en el siglo XX, el ángel detiene su mirada en lo que es marginado del curso de la historia narrada por los vencedores; su impulso es el de redimir y recomponer los escombros de lo que fue derrotado. Mantener viva la mirada crítica de los vencidos, siguiendo a Enzo Traverso, es especialmente necesario en este momento de la historia en el que las esperanzas emancipadoras del pasado corren el riesgo de ser simplemente olvidadas. Una cierta forma de nostalgia, distinta a la melancolía paralizante, es, sugiere Traverso, la condición esencial de todo pensamiento crítico plenamente actual. Esto apunta a la necesidad de transmisión y recreación de la memoria, a la gestación de sentidos de continuidad histórica a partir de voces marginadas y de pequeños caminos aledaños a las grandes carreteras. Un desafío de esta naturaleza, que no se puede acoger sino con humildad, es, precisamente, lo que Michael Löwy sugiere en el generoso prólogo que escribió para este libro.»

Álvaro Campuzano


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«Un doble impulso crítico recorre el trabajo de Álvaro Campuzano, uno orientado a desagregar el pensamiento de Mariátegui en su multiplicidad, y otro orientado a postular una clave de lectura que la articule en función de una especie de núcleo de irradiación ideológica. Por un lado, entonces, se despliegan los paisajes culturales y bibliográficos a través de los cuales se abre paso, entre 1911 y 1930, una biografía intelectual, y por otro lado se interroga el fundamento político de la misma, que es también una sensibilidad y una mística militante, esencialmente anticapitalista, basado en la posibilidad de concebir una modernidad diferente. Ambos impulsos proceden en simultáneo, rectificando mutuamente sus perspectivas y generando una dinámica de análisis que da cuenta de una visión, la visión mariateguiana, a la cual nada de lo contemporáneo le es ajeno, no solo por una formidable capacidad de aprehensión y discernimiento, sino también por disponer de un horizonte que le permite explorar la trama de esa escena, e incidir en ella, sin nunca desentenderse del sentido histórico de su exploración. El trabajo de Álvaro nos deja observar que este horizonte no es estático, ni mucho menos dogmático, respecto de una casi vertiginosa movilidad de asuntos y expresiones, sino que reinventa los términos de su potencial libertario a partir de esa movilidad. Emerge así, a través de estas páginas, la figura de Mariátegui como crítico cultural revolucionario radicalmente heterodoxo, la figura del intelectual moderno por excelencia: que se traza un ámbito al mismo tiempo que asume compromisos que lo impulsan fuera del mismo, que se sitúa en puntos donde converge y se tensiona la literatura y la filosofía de la historia, la teoría estética y socia, la crítica de la civilización y la imaginación civilizatoria, entre la filología de detalle del recensor y la genealogía del historiador; puntos, además, siempre como desplazados de donde se supone que había esperarlos. […]

Un momento especialmente atractivo del estudio de Álvaro es la reconstrucción de las lecturas literarias de Mariátegui. En ese cruce, en esa posibilidad de desplazamiento entre el neorrealismo soviético y el surrealismo francés, o entre la narrativa alemana de posguerra y la técnica de Manhattan Transfer, se hace especialmente evidente, y fascinante también, la heterodoxia de Mariátegui.

Por otro lado, el trabajo conjuga la exhaustividad necesaria respecto de los debates, contextos y fuentes, y la imaginación crítica adecuada respecto de la singularidad de la experiencia de Mariátegui. Pero la misma exhaustividad sería la que deviene imaginaria. El ejemplo sería el del “mosaico” como metáfora, material y simbólica, de la obra de Mariátegui y del tipo de lectura que la misma exige. La metáfora del mosaico, desarrollada en la última sección del libro, deriva del fecundo intercambio epistolar entre Mariátegui y otro de sus interlocutores argentinos, el artista plástico Emilio Pettoruti, creador precisamente de mosaicos experimentales en la década del 20. Leer la obra de Mariátegui, leer no menos su escritura que todo el programa de lecturas que esa escritura implica, es, entonces, según la expresión de Álvaro, “leer un mosaico”. Interesantemente, además, se expande esa clave de lectura más allá de las fronteras de la obra de Mariátegui, para esbozar, en el cruce con otras enseñanzas no menos decisivas en la formación del autor, como la de Bolívar Echeverría, una dimensión crítica para releer el mosaico de la modernidad y las vanguardias, procurando desencadenar, como Mariátegui, su siempre latente energía emancipatoria.»

Nicolás Magaril

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José de Almada Negreiros: uma maneira de ser moderno

El pasado 5 de junio se clausuraba la exposición José de Almada Negreiros: uma maneira de ser moderno, organizada por el Museo Calouste Gubelkian de Lisboa. Almada, artista y teórico extraordinario de la vanguardia artística portuguesa en la primera mitad de siglo XX, se convirtió posteriormente en un referente imprescindible para los artistas posteriores. En este sentido, además de su obra es de vital importancia para la Historia del Arte su discurso teórico que quedó plasmado mediante manifiestos, conferencias, etc. En ellos no dejó de cuestionarse el papel del artista, del arte y la definición del ser moderno. Parte de esa trayectoria es la que se proponía en esta exposición ahora recogida en el catálogo editado por el propio museo y a cargo de su comisaria Mariana Pinto dos Santos. Incluye textos de Ana Vasconcelos, Carlos Bártolo, Fernando Cabral Marlins, Gustavo Rubim, Luís Trindade, Marta Soares, Sara Afonso Ferreira, Tiago Baptista y la propia editora. Nosotros lo hemos incorporado a nuestro catálogo y si desean adquirirlo, pueden hacerlo a través de la web de Iberoamericana/Vervuert.

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José de Almada Negreiros : uma maneira de ser moderno : 3 de fevreiro a 5 de junho de 2017 

Edição, Mariana Pinto dos Santos ; ensaios Ana Vasconcelos [y otros].

Lisboa: Fundação Calouste Gulbenkian 2017, 423 páginas ilustraciones a color; 29 cm. € 50,00 ISBN 9789898758309

 

Si desean saber más sobre esta exposición y sobre la obra de Almada Negreiros, les recomendamos los siguientes artículos de El País y el ABC, así como los vídeos explicativos realizados por el museo. Les compartimos el primero de ellos. Esperamos que lo disfruten.

 

TEXTO DE GUSTAVO MARTÍN GARZO SOBRE LA ESCULTURA DE JULIO LÓPEZ

El escritor Gustavo Martín Garzo ejerció de presentador, junto con Antonio López, del título Notas a pie de obra de Julio López. Este evento tuvo lugar el día 6 de abril de 2016 en la Librería La Central del Museo de Arte Reina Sofía. Fue, para nosotros, una noche memorable, por la emoción, las buenas palabras y por inmejorable elenco y público que nos acompañó.

Antonio López, Julio López y Gustavo Martín Garzo

Gracias a la generosidad de Gustavo Martín Garzo, compartimos con ustedes el texto de su presentación, que esperemos disfruten como nosotros hicimos en su día y hemos vuelto a hacer ahora. Muchas gracias.

 

La edad de la caricia

(Gustavo Martín Garzo) 

 

El escultor regresa a su antiguo estudio y repara en una triste figura de barro en la que había estado trabajando veinte años atrás. Es una obra inspirada en una fotografía hecha durante la primera comunión de una de sus hijas. La imagen muestra a la niña y a su hermana con una flor que simboliza el despertar a la vida. Es una tierna escena que habla de ese paraíso de esplendores desaparecidos al que se refiere Lewis Carroll en A  través del espejo. Empecé modelando, escribe el escultor en sus notas, el atrayente y mágico triángulo que formaban sus brazos y sus manos aproximándose al eje de su cara. Y veía en ello la grata conjunción de un deseo, la voluntad de conseguir algo. Pero esa escultura, en la que trabaja obsesivamente por un tiempo, queda sin terminar y es ahora, muchos años después, cuando vuelve encontrarse con ella. Le ha pasado otras veces. Trabaja en un proyecto y de pronto hay algo que detiene su mano y le hace abandonar la tarea. La obra de Julio López Hernández,  su obra más personal, está llena de esculturas así. Esculturas que son fragmentos, proyectos abandonados, restos de algo que quiso hacer pero que no llegó a completar. Aquello que no se acaba parece tener más derecho a permanecer que lo que se concluye, anota Julio López Hernández en su cuaderno.

También la obra de Franz Kafka está llena de fragmentos así. Ocupan las páginas de sus diarios, donde abundan todo tipo de anotaciones y proyectos de relatos que nunca concluye. Incluso sus novelas están sin terminar, como si lo que le interesara del acto de escribir fuera el proceso mismo, no el resultado. En uno de esos fragmentos habla de Abraham. Este no se rebela contra Dios, pues ¿cómo podía hacer algo así?, pero se las arregla para demorar indefinidamente su salida hacia el monte donde debe sacrificar a su hijo. El Abraham que imagina Kafka siempre encuentra cosas que hacer antes de su partida, y en esa demora infinita, en ese tiempo robado a sus altos deberes,  va ganando para su hijo el tiempo que este necesita para vivir. La escritura es para Kafka ese tiempo robado a la muerte, a la ley del padre.

Y basta con visitar el estudio de Julio López Hernández para asistir a algo parecido a ese mundo de tentativas, de nuevas ocupaciones, de tareas que nunca concluyen a que se entrega el Abraham de Kafka. Llegué a pensar, escribe el escultor en otra de las páginas de estos cuadernos, que me dominaba un desconocido y perturbador vicio. El regodeo en no acabar las cosas, el dejar que la obra fuera terminándose ella misma, parecía ser el síntoma de una cierta lasitud y algo que, al ir marginándome el oficio, separándome del profesionalismo activo, con suerte podría proporcionar a mi obra otra dimensión más atractiva. Sería como trabajar de negro para la propia escultura, ingresando a ese grupo de los autores anónimos. Y, en efecto, a cualquier lugar a que volvamos lo ojos vemos restos, fragmentos de obras sin terminar. Ocupan los rincones, las encimeras, los taburetes, el hueco de las escaleras. Vemos manos, troncos humanos, cabezas, figuras a las que les faltan las piernas, raras veces cuerpos completos, y en caso de que sea así, siempre cuerpos con alguna falta. Aun más, Julio López Hernández ha transformado todo esto en una marca de su propia concepción de la escultura que en cierta forma cuestiona su filiación a la escuela realista en la que se le suele situar. Un espejo que se pasea por un camino, así definió Stendhal la novela. A lo que Julio López Hernández, citando una frase de Mark Strand, añade: Pero, el espejo no es nada sin ti.  Pero ¿quién ese tú que se asoma al espejo? Tiene un rostro, un cuerpo definido, pero también un mundo de deseos y sueños, de pensamientos de los que no sabemos nada, y Julio López Hernández quiere aproximarse a ese tú escondido. Sentí la necesidad de meterme dentro de ella, vuelve a escribir en su cuaderno, verla desde allí y no desde aquí, de captar los detalles de su propia concavidad y sentir cómo el negativo de mi escultura cobraba más valor que su parte visible, como lo hueco podía engendrar, mientras que la convexidad solo se dejaba ver.

Ese vacío, ese hueco tiene que ver con la interioridad, con todo aquello que estando ahí no llegamos a ver. Porque la realidad ¿qué es? ¿Solo lo que tenemos delante de los ojos, aquello que percibimos con nuestros sentidos y que compartimos con los demás? Una calle es real porque sus tiendas, sus aceras, son visitadas por multitud de personas, que pueden encontrarse en ella y detenerse ante sus escaparates. Pero los sueños, los deseos ocultos, todo lo que esas personas callan acerca de sí mismos y de lo que quieren, acaso ¿son menos reales? Estela para un cuadro que no llegó a pintarse es una obra de Julio López Hernández en que apenas vemos otra cosa que un fragmento del rostro de una mujer y la mano que traza los contornos de un pequeño cuadro. Y el escultor anota en su cuaderno: Su mano, siempre bella, situada donde le correspondía, trabajaba vuelta sobre sí misma, hacia dentro, hacia ese espacio que solo le pertenecía a ella y donde sus anhelos se refugiaban.

No se trata de ver lo que no hay, en una suerte de delirio de la subjetividad, sino de ver donde an­tes no acertábamos a hacerlo. Y sólo la imaginación nos enseña a hacer esto. Algo así debió de sentir Julio López Hernández al regresar a su viejo taller y encontrarse con la escultura sin terminar de su hija. El tiempo ha resquebrajando el barro en que está  modelada y él, cautivado por algo que no sabe explicar, se pone a trabajar de nuevo en ella. Perfila sus brazos y sus manos y fija las grietas del tronco para que este no se deteriore más. Y le añade la flor, esa flor humana de la que habla Octavio Paz en uno de sus poemas.  Pero apenas toca su rostro ni su torso, pues lo que le interesa ahora es ese misterio que le ha hecho detenerse ante ella como si guardara algo que no debe ser tocado. Esa es su tarea, dar cuenta de esa belleza que se ofrece y se esconde a la vez. Y puede que sea esa la razón de que sean las manos las principales protagonistas de la obra de nuestro escultor. Manos de tejedoras, de dibujantes, manos que escriben. Manos exentas, dueñas una existencia ajena a los cuerpos a que pertenecen, que parecen flotar en el aire o que descansan sobre mesas y taburetes como animales pensativos.  Manos que modelan la materia, que  se posan en el barro y el mármol, que no toman las cosas sino que las dejan ir. Retratar un mármol y que este te mire con claridad y dulzura solo se consigue si eres perenne en la caricia, si mantienes tu fidelidad a prueba de tormentas y zozobras, escribe en sus notas a La edad de la caricia, una de sus obras. Pero ¿qué es una caricia sino el gesto de la mano que sabe detenerse a tiempo, la  mano que no quiere poseer, que se acerca y a la vez comprende que debe dejar ir lo que ama? ¿La mano que bendice lo que toca?

Estas manos no son distintas a las nuestras, pues todos buscamos algo que no tenemos. A eso aspiran nuestras caricias, a completarnos. La mutilación, las carencias, el destino trágico constituían en las culturas antiguas el pago y el signo de  la excelencia en ciertas dotes, por ejemplo: la facultad poética. Homero, el más grande de los poetas, era ciego. Al contrario que en el mundo de la psicología, donde ciertas cualidades no son sino la compensación o sublimación de una deficiencia original, en el mundo de los cuentos la falta nombra el lugar de la apertura hacia el otro. Adorno dijo que la verdadera pregunta, la que funda la filosofía, no es la pregunta por lo que tenemos sino por lo que nos falta.

Toda la obra de Julio responde ese deseo de ofrecernos la imagen interior de lo que somos, de ir al fondo del secreto. Eso explica ese aura de silencio y profundidad que sentimos ante sus obras. Por ejemplo, ante Marcela y su luz. Se trata de una escultura doble en que vemos a un muchacha dejando sus lentillas en un pequeño estuche, y, enfrente, sus manos exentas frente a un espejo. Pero estas manos ¿de quién son?, ¿qué hacen ellas solas? Pertenecen a la niña que está arrodillada, pero a la vez son el símbolo de todo lo que estando en ella no llegamos a ver. El símbolo en suma de su alma. Y tal vez convenga recordar aquí lo que dijo Aristóteles sobre el alma,  que es una mano y también todas las cosas. Es lo que pasa en El tesoro de Marcela, donde la niña entera desaparece y solo queda su tronco y sus manos conteniendo algo que ya no está. ¿Eso es el alma: todo lo que hemos perdido? Luz de las tinieblas y luz del cielo, eso guarda el tesoro de Marcela. Sigue leyendo

JULIO LÓPEZ, ANTONIO LÓPEZ Y GUSTAVO MARTÍN GARZO: PRESENTACIÓN DE NOTAS A PIE DE OBRA

El próximo miércoles 6 de abril a las 19 h, con ocasión de la presentación del libro Notas a pie de obra, las reflexiones sobre su estética de Julio López Hernández, él y el escultor y pintor Antonio López, acompañados por el escritor Gustavo Martín Garzo, conversarán sobre sus obras y las de los Realistas de Madrid (ya habrán visto la exposición en el Museo Thyssen que dura hasta el 22 de mayo – si no, se la recomendamos vivamente) en la librería La Central en el Museo Reina Sofía. El aforo es bastante limitado – no más de 50 personas tienen acceso-, y de éstas 10 tendrán que estar de pie.

¡Les esperamos!

Reciban un saludo muy cordial,

 

Iberoamericana Editorial y Librería

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ENTREVISTA A MARÍA VILLALONGA EN EL PERIÓDICO ÚLTIMA HORA

521789María Villalonga Cabeza de Vaca ha sido entrevistadapor Jesús García Marín para el periódico  Última hora a propósito de su libro Anglada-Camarasa: desde el Simbolismo a la Abstracción, publicado por nosotros en 2015 La investigación se centra en los 20 años que pasó en París (1894-1914) y busca hacer una reevaluación de su pintura y de su posición en la Historia del Arte. Para ello se centra tanto en el valor intrínseco del arte de Anglada como en su contribución indirecta al desarrollo de las vanguardias.

 

 

 

 

 

NOVEDAD EDITORIAL: EMANCIPACIÓN, PLENITUD Y MEMORIA. MODOS DE PERCEPCIÓN Y ACCIÓN A TRAVÉS DEL ARTE

González Martín, Diana
Emancipación, plenitud y memoria. Modos de percepción y acción a través del arte. Con ilustraciones en color.

Madrid / Frankfurt, 2015, Iberoamericana / Vervuert, 178 p.; tapa dura
Los Ojos en las Manos. Estudios de Cultura Visual ; 5
ISBN: 9788484899075

521907 (1)Emancipación, plenitud y memoria. Modos de percepción y acción a través del arte explora el significado de lo que comúnmente denominamos ‘arte político’ mediante una comparación de distintas manifestaciones artísticas –instalación, teatro y arte de la performance, pintura y literatura– que abordan la memoria de pasados violentos sufridos por diversas sociedades del mundo como son Argentina, Chile, Colombia, Brasil, España y Alemania. Asimismo propone un significado amplio del ‘arte memorialista’ entendiéndolo no solo como aquel que da cuenta del recuerdo y testimonio de la brutalidad y el horror perpetuados por guerras y dictaduras militares, sino que integra también la rememoración de cualquier transformación social que aspira a pasar de la injusticia a la justicia, de la indecencia a la decencia, y que es artísticamente exigente. Esta indagación propone la noción de ‘memoria emancipadora’ como herramienta hermenéutica para el entendimiento tanto del arte contemporáneo como de culturas y sociedades del presente mediante la conjunción entre ética y estética, tradicionalmente estudiadas en disciplinas separadas. Las tres partes principales del libro – “La recepción política del arte”, “Tiempo de plenitud y de vacío” y “Memoria emancipadora”– constituyen un recorrido desde el origen de la escisión entre política y filosofía en Occidente hasta la posibilidad de su nueva intersección en un mundo globalizado. De tal reflexión surgen las propuestas de nuevos modos de acción y percepción a través del ejercicio de una ‘memoria’ que no considera el pasado como una rémora para el individuo y los colectivos que recuerdan, sino que les confiere total libertad de discernimiento para delimitar sus identidades y habitar sociedades más reflexivas e integradoras.
Diana González Martín es doctora en Artes Escénicas (Institut del Teatre y Universitat Autònoma de Barcelona). Ha traducido del alemán al español el Teatro Posdramático de Hans-Thies Lehmann (2013) y la Estética de lo performativo de Erika Fischer-Lichte (2011). Actualmente trabaja como asistente científica en el Departamento de Comunicación y Cultura de la Universidad de Aarhus (Dinamarca), en donde completó una especialización posdoctoral sobre estudios de memoria cultural. Es coeditora del volumen La memoria novelada II: Ficcionalización, documentalismo y lugares de memoria en la narrativa memorialista española (2013). Su último proyecto de investigación indaga en nuevas formas de percepción a través del teatro de interacción entre seres humanos y robots

Puedes consultar el índice, la introducción y comprar el libro pinchando aquí.

PRESENTAMOS: ANGLADA-CAMARASA. DESDE EL SIMBOLISMO A LA ABSTRACCIÓN, DE MARÍA VILLALONGA

Mañana día 20 de noviembre en el Museo Thyssen-Bornemisza presentamos:

invi anglada thyssen

Puedes consultar el índice del libro pinchando aquí y la introducción aquí . Aprovecha esta semana los gastos de envío gratis dentro de España y un 5% de descuento en la compra a través de nuestro email: libreria@iberoamericanalibros.com