TIEMPOS DEL “YO”

Los estudios sobre el “yo” y sus múltiples usos en la literatura y las artes siguen siendo tema de congresos y monografías que reconceptualizan los términos a medida que aparecen nuevos formatos, nuevos usos o reelaboración de usos anteriores. El “yo”, en constante búsqueda de anclajes y referencias, se revela como un instrumento cuestionador de la realidad en la que vivimos y ya no tanto como objeto de la pregunta.

Si el año pasado publicábamos El sujeto boscoso, donde Vicente Luis Mora exploraba los múltiples recursos —y elipsis— del yo y sus espejos en la poesía, este año hemos apostado por dos nuevos estudios al respecto: R126515Vera Toro en “Soy simultáneo”: el concepto poetológico de la autoficción en la narrativa hispánica ofrece un modelo sistemático para el análisis de la autoficción en textos literarios narrativos, a la vez que ahonda en los procesos metafictivos.

Por su parte, el libro editado por Ana Casas, abre la cuestión metodológica a las artes, invitando al estudio de la autoficción en otros medios, como el cine o el teatro; a la vez que interroga la presencia de la intermedialidad en la autoficción contemporánea.

R127040.jpgEste tomo, El autor a escena: intermedialidad y autoficción, no es el primero que edita la profesora Ana Casas con nosotros en torno al “género autoficcional”, si bien el anterior se centraba más bien en analizar los límites teóricos del término.

También Vera Toro había publicado antes con nosotros un tomo editado en conjunto con las profesoras Sabine Schlickers y Ana Luengo, titulado La obsesión del yo. La auto(r)ficción en la literatura española y latinoamericana, (2010), donde se sentaban los precedentes, la tradición y la recepción histórica del término.

A medida que el término para unos, subgénero para otros, siga siendo reelaborado para aprehender nuevos usos, surgirán nuevos estudios que den cuenta de las transformaciones y derivaciones de la autoficción. Una de estas ramas es lo que Sabine Schlickers y Vera Toro denominan “narración perturbadora”, cuyo manuscrito estamos ya preparando.

El último inédito de Bolaño

A principios de este mes de noviembre Alfaguara publicaba El espíritu de la ciencia ficción, la cuarta novela póstuma de Roberto Bolaño. La obra, escrita a mediados de los 80 y rescatada del archivo personal del autor, transcurre en la Ciudad de México durante la década de los 70. En el prólogo, el escritor y crítico literario Christopher Domínguez Michael, al ponerla en relación con el resto de su obra, destaca cómo ya en esta novela se pueden leer algunos de los aspectos que desarrollaría en su producción posterior, la que lo consagró como uno de los más relevantes escritores contemporáneos en español:

«El espíritu de la ciencia ficción, terminada en Blanes en 1984, es una buena novela de juventud. Una asumida Bildungsroman, como lo fue desde luego, Los detectives salvajes, de la cual esta obra es un probable antecedente, o más bien, de ella pueden extraerse numerosos elementos, de alguna manera iniciáticos (por tratarse de una obra primeriza y porque, como yo lo creo, nuestros primeros libros son, afortunados o desgraciados, ritos de iniciación), útiles para el estudio del conjunto de su obra. A diferencia de otras obras póstumas, como El Tercer Reich (2010), una en sí misma, autónoma dentro del ya bien cartografiado universo de las obsesiones bolañescas, o Los sinsabores del verdadero policía (2011), un ejercicio previo a 2666 (2004), este inédito es un libro relativamente solitario, obra de un narrador aún inseguro del camino a tomar justamente por razones de genio».

Si desean hojear el libro, tenemos varios ejemplares esperándoles en nuestra librería de la c/Huertas, 40 (Madrid). Si además desean ahondar en la producción de Roberto Bolaño, también les recordamos algunos de los últimos estudios que hemos publicado sobre su obra: México en la obra de Roberto Bolaño. Memoria y territorio (Fernando Saucedo Lastra) o Roberto Bolaño. Violencia, escritura, vida (Ursula Hennigfeld, ed.).

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PRESENTAMOS “SOMBRAS DEL TIEMPO”, EL ÚLTIMO LIBRO DE FERNANDO VALLS

521874.jpgEsta semana tampoco paramos en Iberoamericana-Vervuert. El miércoles 20 a las 20:15 presentamos Sombras del tiempo. Estudios sobre el cuento español contemporáneo (1944-2015), de Fernando Valls en la Escuela de Escritores (Covarrubias, 1; metro Alonso Martínez). Acompañando al autor estarán los escritores José María Merino y Luis Mateo Díez, así como el profesor de la UCM Santos Sanz Villanueva.

Es una buena oportunidad para oír hablar de cuento, de literatura y conocer en persona a críticos y escritores. Tendremos una mesa de libros de todos ellos a la venta. El aforo es limitado y están, claro, invitados a tomarse un vino de honor con todos nosotros. Estaremos encantados de contar con ustedes.

Invitacion Fernando Valls

Si quieres adquirir el libro a un precio especial de prepublicación, y/o consultar el índice y el prólogo, pincha AQUÍ. Recuerda que la compra de publicaciones de Iberoamericana-Vervuert a través de nuestra web está libre de gastos de envío.

HOY: NOVELA NEGRA: GUSTAVO FORERO EN LIBRERÍA IBEROAMERICANA

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FORERO afiche

Los esperamos esta tarde para charlar con el escritor colombiano Gustavo Forero sobre su nueva novela y el desarrollo del género en América Latina.

En Desaparición, el pretexto es un lamentable hecho histórico: la toma del Palacio de Justicia de Colombia, en Bogotá, realizada por el grupo guerrillero M-19 el 6 de noviembre de 1985. Y el pretexto deriva en denuncia: la brutal respuesta del ejército y, en consecuencia, la muerte y desaparición de algunos ciudadanos. Pero como ocurre con cualquier novela ambiciosa, los temas son muchos más: la impunidad; la injusticia; la relación entre el narcotráfico y algunos movimientos guerrilleros de izquierda; la masculinidad colombiana y la condición de la mujer en una sociedad machista; la difícil realidad de quien opta por una sexualidad diferente a la suya… y la angustia. La angustia del anonimato y la angustia al buscar a los desaparecidos.

Desaparición
[fragmento]

Es hora de la manifestación de hoy. Llevamos meses en esto. Una vez a la semana, al mediodía, nos encontramos aquí, nada menos que en la plaza de Bolívar, frente al Palacio, o en lo que queda de él, para formular públicamente nuestra pregunta de rigor: ¿dónde están? Ignoro quién comenzó con la costumbre, tal vez fueron los Rodríguez, los Oviedo, o una de las esposas, la de Almarales quizá. El hecho es que todos los lunes, a la misma hora, nos paramos aquí en la Plaza a arengar nuestra consigna: ¿dónde están? Al principio éramos muy pocos y ahora somos casi una docena. Con el tiempo queremos ser un grupo como el de las madres de la Plaza de Mayo o algo así. Aquí, frente al Palacio, nos escuchamos nuestras historias y nos damos aliento entre nosotros mismos. Cada uno tiene su pena personal que es intransmisible; sin embargo, al contarnos lo que pasa en nuestro hogar, la manera en que vivimos el dolor, obtenemos consuelo. Esto nos permite seguir adelante. A veces llevamos objetos que guardamos aún de nuestros desaparecidos: una pulsera, un pañuelo, una radio o lo que sea. En todo caso, el acuerdo al que hemos llegado es que cada uno circule por el lugar con una foto de su deudo colgada al cuello y algún dato al margen, algo como Perdido el día tal o Visto por última vez el día tal… No es mucho, pero es una seña que ayuda a identificar a la persona de la foto. A cada uno de nosotros nos da terror estar aquí arengando, claro, pero no tenemos otra salida. ¿Dónde están? ¿Dónde los tienen?, gritamos, pero nadie parece oír. He llegado al extremo de extender esta pregunta a los demás espacios de mi vida cotidiana y la cosa se me ha vuelto una obsesión. La gente que pasa por ahí cree que uno camina aquí, en medio de la plaza, porque no tiene nada más que hacer, porque se le ha ocurrido así, de pronto, preguntar por el paradero de un  familiar o de alguien que se ha perdido. Nadie en este país parece tener conciencia de la verdadera situación, de los desaparecidos que van en aumento, de la injusticia oficial y el olvido. Cualquiera que sea la razón o al sinrazón por la cual se ha desaparecido a una persona ameritaría que todos se interesaran por su paradero, pero eso no sucede. ¿Dónde están? ¿Dónde los tienen?, preguntamos, pero los transeúntes se quedan impávidos, como el edificio del Congreso, la Alcaldía o la Casa Presidencial. En general las malditas instituciones de las que se habló tanto y dizque eran parte del Estado de derecho que había que proteger están silentes, como la gente de este país sin conciencia ni historia.

Gustavo Forero, Desaparición. Bogotá: Ediciones B, 2012

FEDERICO GUZMAN EN LIBRERÍA IBEROAMERICANA / MARTES 23 / 19.00H

Federico Guzmán Rubio

Federico Guzmán Rubio

Federico Guzmán Rubio (México, D.F., 1977) ha publicado varios cuentos y ensayos en distintos medios y antologías. Con Los andantes (Lengua de trapo), Guzmán Rubio consiguió hacerse con el Premio de Narrativa Caja Madrid del año 2010. Recientemente publicó su segunda novela, Será mañana (Lengua de trapo), de la que te ofrecemos un fragmento. Acompáñalo este martes 23 en nuestra librería, donde leerá y charlará con el público.


De Será mañana

No tenía caso seguir viendo lo que ocurría. Quedarse ahí, además, llamaría la atención de los matones contratados por los dueños de la mina. A sus espaldas, el desierto cortaba la vista. El color pardusco y las ondulaciones leves lo hacían parecer los lomos de una manada de animales muertos, ya secos. Siete hombres bien armados vigilaban que nadie se acercara. Otros dos, ya cansados, cuando recobraban algo de fuerza, seguían pateando el bulto en el piso. En algunos puntos, debido a la alta concentración de sal, la tierra brillaba. Era un reflejo agresivo, más parecido a una espina que a los rayos vivificadores del sol o a la lumbre acogedora de las fogatas. El primer bulto hacía tiempo que no se movía. Sólo se le acercaban las moscas. El pueblo, encajado detrás del cerro donde estaba la mina, no alcanzaba a verse. Las figuras que subían o bajaban el cerro parecían caminar sin rumbo, salidas de ninguna parte, sin destino. Eran más viento que hombres y mujeres. El segundo bulto de vez en cuando movía el cuerpo ensangrentado, aplastado, con espasmos y temblores, no con movimientos voluntarios. Las mujeres lloraban pero respetaban la línea que habían marcado los guardias. El segundo bulto, cuando aún era hombre, no la había respetado. Había intentado socorrer al primero, que ya era un bulto. Los guardias cumplieron su amenaza con regocijo. Aunque los dos que golpeaban parecían cansados, después de algunas patadas tomaban aire y gritaban “crucen la raya, pues, que patear esto es como patear una pelota pinchada”. Un grupo de mujeres agarraba a la que más lloraba para impedir que fuera a abrazar a su bulto. La otra viuda estaba sentada en la tierra y lloraba en silencio, con la cabeza gacha, la cara tapada por las manos envejecidas. Nadie la consolaba, por tristeza, miedo y vergüenza. Frente a la mina el horizonte se extendía amplio. Nada lo atajaba. Aunque no lo supieran, esto hacía sentir a los hombres más solos, más perdidos. La huelga se había frustrado antes de empezar. Ni siquiera se habían necesitado contratar esquiroles ni llamar a la policía. Bastó con matar por la noche a cinco de los organizadores y por el día a estos dos. Él y otros seis o siete de los huelguistas tenían armas. Usarlas significaría desatar una carnicería; no usarlas, quedarse viendo a los dos bultos o apartar la vista hacia el desierto. Escupió. El polvo se tragó el escupitajo en pocos minutos, pero él ya no alcanzó a verlo: estaba subiendo el cerro, en dirección al pueblo. Como iba todo cubierto de polvo parecía una ventolera que movía algo de tierra. Una ventolera, una aparición o un bicho que se confunde con el paisaje para atacar o para que nadie se entere de que está vivo.