Una narración sobre dos mujeres “que crecen en la periferia de la periferia”, “marcadas por múltiples condicionantes, su procedencia, su sexo y su clase social”, ha sido galardonada con el 77 Premio Nadal. Su título, El lunes nos querrán, y su autora, Najat El Hachmi, escritora catalana de origen marroquí, con siete publicaciones en su haber hasta el momento. La primera de ellas, Jo també soc catalana, vio la luz en 2004 en el sello Columna. En 2010 nuestra editorial rescató algunos fragmentos y los incluyó traducidos al castellano por Sílvia Roig Martínez en El retorno/el reencuentro: la inmigración en la literatura hispano-marroquí, una compilación de historias representativas en torno a la emigración hispano-marroquí de la primera década del siglo XXI. Según nos explica Ana Rueda (editora del libro) en el prólogo, Jo també soc catalana

«invita a ensanchar los términos angostos y reduccionistas de “literatura española” o “literatura marroquí” porque elige narrar una experiencia hispano-marroquí de frontera a través del catalán. Con ello El Hachmi enriquece un patrimonio cultural múltiple —marroquí, amazigh, musulmán, catalán, español—, a la vez que ejemplifica el derecho del escritor a crear una literatura extraterritorial, situada justo en el filo de la experiencia fronteriza y dramatizada en el uso del idioma».

 

Los lunes nos querrán será editada en español por Destino (sello de la editorial Planeta) y en catalán por Edicions 62; llegará a las librerías el próximo mes de febrero. Para la espera, aquí les dejamos un fragmento del Jo també soc catalana incluido en la compilación de Ana Rueda y Sandra Martín:

 

[SEGUNDA PARTE: IDENTIDAD FRONTERIZA]
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—Yo soy catalán, mamá?


Me esperaba esta pregunta mucho más adelante, seguro que aún no eres demasiado consciente de lo que dices. Decirte sencillamente que sí sería mentirte, decirte que no sería ponerte al borde del abismo. Has nacido aquí y tan sólo has estado en Marruecos diez días de tu corta vida, ¿todavía tengo que negarte la catalanidad? ¿Dónde se debe adquirir este bien tan preciado? ¿Debe estar patentado?

Durante años creí aquello de que «vosotros ya sois de aquí», «sois catalanes, ¿verdad?», pero no era más que un triste espejismo. Toda aquella gente que nos aceptaba tan bien, no nos aceptaba a nosotros, tal como éramos, tan sólo expresaban su anhelo por hacernos homogéneos, se tranquilizaban a sí mismos pensando que todos los que veníamos de fuera lo dejaríamos todo atrás para convertirnos a la causa catalana, porque en el fondo siempre resonaba el dicho: de fuera vinieron… Era mejor intentar que nosotros nos confundiéramos con los catalanes, que no se notase demasiado nuestra presencia. Cuando alguien te dice que te integres, lo que en realidad te están pidiendo es que te desintegres, que borres cualquier rastro de tiempos anteriores, de vestigios culturales o religiosos, que lo olvides todo y sólo recuerdes sus recuerdos, su pasado. Porque no hay miedo más terrible que el miedo a lo desconocido, es mejor que todos seamos iguales para no tener que pensar demasiado.

Falsamente había soñado en un futuro catalán, sin trabas, pero las decepciones se sucedieron una tras otra, el trabajo, la burocracia, las becas universitarias, que entonces sólo se concedían a residentes (no importaban las matrículas ni los excelentes), que llegaran los dieciocho años y aún no pudiera votar, el insoportable sufrimiento de buscar un piso de alquiler, siempre salía un familiar a última hora a quien el propietario le había alquilado el piso sin avisar a la inmobiliaria, los comentarios que se podían escuchar en el autobús o en el supermercado… Un país que era el mío, que ya había aprendido a querer como cualquier otro catalán, de repente me rechazaba, no quería saber nada de mí. Mi otro país, abandonado detrás del Estrecho, estaba demasiado lejos para podérmelo hacer mío, no podía componer toda mi identidad con sólo ocho años de infancia y los meses de retorno.

Pasé años, hijo, sin tierra, sin identidad y sin sentirme de ningún lugar. De donde venía me decían que ya no tenía lugar, aquí el rechazo hacia los marroquíes era cada vez más intenso, ya se sabe que estos moros…

Me hice sensible a todos los comentarios xenófobos, a cualquier expresión de recelo contra cualquiera que viniese
de afuera, sacaba las uñas siempre que me sentía aludida, no hay para tanto, no hace falta que te pongas así. Siempre hay alguien que te suelta la frase, dolorosa: es que tú eres diferente. Yo no soy diferente, no lo quiero ser, quiero ser como todos los inmigrantes, mientras haya alguien que les discrimine. Cuando hieres a uno, denigras su nombre y les tipificas, me estás hiriendo a mí, me estás denigrando.

Un buen día, sin embargo, salí de mi caparazón. Descubrí tantos amigos a mi alrededor que nunca me habían hecho sentir rechazada, a su lado ni siquiera recordaba de dónde era. Todos ellos también eran catalanes, las madres de los compañeros de guardería de Rida, la muchacha que nos vende la merienda cada tarde, un zumo y una magdalena, las amigas de toda la vida, los compañeros de trabajo, todos ellos son autóctonos que nos han acogido sin pensar si somos de aquí o de allá. ¿Y entonces, por qué no revisar mi visión de este país, por qué mirarlo con recelo por unos cuantos que me han rechazado?

Quizás debería explicarte: tú eres catalán, pero siempre ten presente las antiguas raíces de tus padres, que te enriquecerán. Ten siempre en cuenta que habrá gente en tu vida que te reprochará estas raíces. Pero cuando te sientas rechazado, hijo mío, piensa en todos los amigos y amigas que tienes y verás el peso del rechazo contrapuesto, no siempre se debe ser aceptado por todos, uno es como es, sabe de dónde viene y todo lo que lleva detrás, no nos hacen falta etiquetas, no vale la pena darle más vueltas. Al fin y al cabo, nadie tiene derecho a preguntarte: y tú ¿cómo te sientes, más catalán o más marroquí?

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Si desean profundizar en la obra de Najat El Hachmi y/u otras literaturas hispano-marroquís, recomendamos ¡Hay moros en la costa!: literatura marroquí fronteriza en castellano y catalán, de Cristián H. Ricci (2014); si les interesa en un marco más amplio sobre las relaciones coloniales España-África, no dejen de ojear El otro colonialismo: España y África, entre imaginación e historia, Christian von Tschilschke, Jan-Henrik Witthaus (eds.) o América Latina – África del Norte – España: lazos culturales, intelectuales y literarios del colonialismo español al antiimperialismo tercermundista, Stephanie Fleischmann, Ana Nenadović (eds.).