2020 no ha sido el año que esperábamos ni tampoco el centenario galdosiano que deseábamos. La pandemia no nos lo ha puesto fácil, pero a pesar de las circunstancias, hemos conseguido mantener un diálogo más o menos digno con el autor canario y producir material para seguir pensándolo otros cien años más: textos revisitados, reediciones de sus obras, tres nuevas biografías, artículos académicos/divulgativos, absurdas trifulcas de prensa… Ha habido cursos, exposiciones, paseos y, a ratos, mucho ruido (últimamente, demasiado). Cada cual se ha conectado con Galdós a su modo, siguiendo sus realidades, intereses, pasiones y necesidades. Su obra (también su persona, claro), siempre sugerente y atractiva, permite/admite ser abordada desde tantas esquinas, que si no fuera por el autocontrol permanente, se nos desbordarían las lecturas. A mí siempre me interesó el Galdós público, su forma material y simbólica de relacionarse con la Historia, así como su modo de llevarlo a la escritura. Ese sistema relacional y su funcionamiento en un periodo ninguneado y desatendido por la crítica hasta hace no tantos años es el que exploro en Galdós en su siglo XX: una novela para el consenso social.

Mi propósito con esta investigación ha sido invitar a pensar el mundo galdosiano en relación con las tensiones socio-políticas, intelectuales y escriturales de un periodo corto —pero intenso— de su vida. Se trata de leer a Galdós en su “radical historicidad”, en términos de Juan Carlos Rodríguez, a fin de encontrar respuesta(s) al porqué de su chispa política, de su narrativa atrevida y de su necesidad de llevar el realismo decimonónico hasta sus propios límites. También de generar una reflexión histórica que podamos traer al presente, a nuestra cotidianidad y a nuestra forma actual de habitar el mundo.

Carolina Fernández Cordero