“En 1975 Zurita se quemó la mejilla con un hierro candente. La foto amplianda de esa cicatriz fue la portada de su primer libro, Purgatorio (1979). Después escribió en el segundo, Anteparaíso (1982): ‘Mi mejilla es el cielo estrellado y los lupanares de Chile’. Estas pocas palabras daban a esa autolesión el sentido de una obra y al poema derivado la entidad de una écfrasis: el cuerpo del poeta encarna al territorio del país y a todo lo que contiene, desde lo alto e intangible hasta lo abyecto y carnal”. Así comienza Edgardo Dobry su introducción a la antología Verás cielos en fuga (Universidad de los Andes, 2019) de Raúl Zurita.

LXXXV

Me han rapado la cabeza
me han puesto estos harapos de lana gris
-mamá sigue fumando
Yo soy Juana de Arco

Me registran con microfilms
(Purgatorio)

Y más adelante: “En Zurita, el acontecimiento decisivo es el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973. Zurita recibe ese golpe en su propio cuerpo: es arrestado y queda detenido en la bodega de un barco, el Maipo, atracado en el puerto de Valparaíso. Ya La vida nueva (1994) contenía un catálogo una letanía, de las prisiones ilegales en que el gobierno de facto hacinó a los presos políticos. Pero Zurita [2007], el libro, convierte lo vivido en símbolo, lo transfigura en una experiencia que ya personal, es una pesadilla de la historia, es un infierno que se representa como la alucinación no del individuo Zurita sino de la ‘patria’ entera en una travesía por la locura, la infamia, la muerte y, hasta cierto punto, el renacimiento”.

Prisión Estadio Nacional
-Las últimas estacas-

Porque se desplomaron las costas
y se rompieron las montañas
Porque se desplomaron los valles
y cayeron los desiertos
y eran sólo unas tablas rotas
un palería flotando en el Pacífico

Cubierto de espumas   roto   el gigantesco estadio se iba
hundiendo en la marejada

Dejando ver todavía las últimas gradas del país de tablas
y al fondo los empalizados Andes   albos   sobresaliendo
apenas entre las olas

Mientras a ambos lados los murallones del mar seguían
rugiendo y el peso muerto del cielo se hundía entre las
partidas aguas como si quisiera aún cubrir esas soledades

Como si quisiera seguir tocando las inacabables barracas
las entarugadas costas   las graderías de la cordillera que
se desmoronaban mostrando un país de campamentos y
cárceles hecho pedazos bajo las rompientes   Cuando
descendiendo hasta los muertos la soledad infinita del
cielo gritó “No matarás” y no era más que el sonido de
unas tablas rotas   carcomidas   flotando frente a la playa

Porque se abrió el mar frente
a Chile y las aguas
arrastraron lo que fue de ti

(La vida nueva, 1994)

Verás un mar de piedras
1973

Han bombardeado La Moneda y se ha producido la estampida.
Las calles quedaron vacías y a esta hora las embajadas están atestadas de gente. Yo fui apresado en la madrugada en Valparaíso pero eso no importa. Importa que necesito amor y estoy solo. Tampoco importa que los tipos hayan huido como ratas. Es la vida. Yo sé bastante de eso. O por lo menos. A mí se me había adelantado un poco, me refiero a la vida, claro. Tenía hijos y la que para entonces era mi primera mujer me buscaba. Habíamos roto hacía algunos meses, pero igual me buscaba. Yo creo que la verdad es siempre algo muy simple, es algo que un niño podría entender. Los tipos corrieron a perderse y ya está. Yo habría hecho lo mismo. Me guardaron en la bodega de un carguero. Mal asunto. Me la imagino perfectamente con mi estampita de desaparecido pegada al chaleco y dando la lata. Me refiero a la que era mi mujer, claro. Buena tipa, pero me la imagino perfectamente. Huyeron como ratas. Fue lo que dije. Al primer empujón. He comenzado a teclear esto porque estoy sólo y necesito amor. Es simple. Todos necesitan un poco de amor. Los boquerones de los bombardeos han permanecido desde hace años allí. Es algo que un niño podría entender. Quienes pasan por allí lo hacen rápidamente. Nadie mira por mucho rato allí.

(Zurita, 2007)

El pasado martes Raúl Zurita fue galardonado con el XXIX Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, el más relevante en poesía en español y portugués. Un merecido reconocimiento a toda su trayectoria poética que suma más de 30 libros entre 1979 y 2018. Aparte de antologías como la citada en este post, recomendamos su Obra poética (1979-1994), edición crítica de Benoît Santini, publicada en dos volúmenes por Alción Editora (2017). Tanto Verás cielos en fuga como esta se encuentran disponibles en nuestra librería de la calle Huertas, 40.