RESEÑA DE ANA MANCERA DE NUESTRO TÍTULO: LOS GÉNEROS DISCURSIVOS DESDE MÚLTIPLES PERSPECTIVAS: TEORÍA Y ANÁLISIS.

Ana Mancera. Reseña de Shiro, Martha; Charaudeau, Patrick; Granato, Luisa. 2012. Los géneros discursivos desde múltiples perspectivas: teorías y análisis. Madrid/Frankfurt: Iberoamericana/Vervuert. Infoling 2.43 (2013) <http://infoling.org/informacion/Review168.html>

DISCURSIVOS¿Los términos ‘género discursivo’, ‘tipo de discurso’, ‘orden discursivo’ y ‘registro’ aluden al mismo concepto o a conceptos que se solapan? ¿Cómo pueden delimitarse los géneros, subgéneros y macrogéneros? ¿Es posible analizar un discurso sin dar cuenta del género al que pertenece? Para caracterizar un género discursivo específico, ¿deben identificarse únicamente sus rasgos distintivos o es necesario explicitar también los elementos que comparte con otros géneros? Estos son solo algunos ejemplos de los múltiples interrogantes a los que trata de responder la monografía que reseñamos, surgida a raíz del intercambio de ideas entre investigadores de distintas disciplinas que tuvo lugar en el seno del VI Congreso Internacional de la Asociación Latinoamericana de Estudios del Discurso (ALED), celebrado en Santiago de Chile en el año 2005. Precisamente, uno de los grandes logros de este trabajo es la multiplicidad de perspectivas desde las que se abordan los principales problemas relacionados con la definición de los géneros discursivos. Así, esta investigación coordinada por Martha Shiro –profesora de la Universidad Central de Venezuela–, Patrick Charaudeau –profesor emérito de l’Université de Paris XIII e investigador en el laboratorio Communication et Politique du CNRS– y Luisa Granato –profesora de la Universidad Nacional de La Plata– realiza una revisión crítica de los diversos enfoques desde los que viene tratando de caracterizarse en las últimas décadas a los géneros del discurso.
Los contenidos de esta monografía se acogen a una organización bipartita, ya que dos son los grandes bloques temáticos en los que se divide la obra, precedidos por una introducción en la que Martha Shiro elabora una panorámica que resume los criterios intratextuales, extratextuales y funcionales utilizados comúnmente para clasificar los géneros discursivos. La primera parte, conformada por los cinco capítulos iniciales, aborda con mirada crítica el análisis de las distintas líneas de investigación desde las que se ha llevado a cabo el estudio de los géneros. Además, los seis capítulos siguientes sirven como perfecto complemento de los anteriores, al demostrar la aplicabilidad de los modelos explicados previamente. Por tanto, la configuración de la segunda parte responde a un propósito de carácter empírico muy enriquecedor, pues ilustra las perspectivas teóricas cuyos fundamentos han sido expuestos con anterioridad con los resultados del análisis de prácticas discursivas concretas.
Así, en el primer capítulo Patrick Charaudeau estudia el problema de la definición genérica desde una perspectiva socio-comunicativa. Desligándose de planteamientos como los de Genette y Todorov (1986), Schaeffer (1989) o Rastier (2001), trata de desprenderse de la tradición literaria en su tentativa de definir los géneros, tomando como objeto central de análisis un corpus de textos no literarios. Tampoco parte de las configuraciones textuales ni de los procedimientos de puesta en escena del discurso, como suele hacerse, sino de la observación de cómo las prácticas lingüísticas se supeditan a los diferentes ámbitos de la práctica social instaurados en la sociedad. Se trata de considerar “en toda su dimensión social” la actividad de lenguaje que conduce a la producción de textos empíricos “que se definen de acuerdo con especificidades externas”, y cuyo fundamento es comunicativo “y ya no (solamente) lingüístico” (p. 28). Todo ello le lleva a estructurar los géneros a partir de la situación global y de la situación específica de comunicación en la que estos se inscriben. Tales situaciones conforman su anclaje social, ya que una determina el dispositivo conceptual del género, mientras que la otra incide sobre su dispositivo material. Por ejemplo, los discursos del representante de un partido que concurre a unas elecciones generales se encuentran condicionados por una situación global de comunicación que se corresponde con el dispositivo conceptual propio del político. Pero además estos se inscriben en la situación específica del político como “candidato electoral”, una situación que se verá alterada tras ser elegido, variando en función de quiénes conformen en cada momento su audiencia: los electores, los ministros de su gabinete, los periodistas, etc.
El segundo capítulo tiene en común con el primero el hecho de que el estudio de los géneros discursivos ostenta también un anclaje social, pues desde la perspectiva sistémico-funcional estos se conciben como reflejo del contexto de situación y de cultura. No en vano la lingüística sistémico-funcional, iniciada por Halliday (1978, 1985), analiza tanto el uso que los hablantes confieren al lenguaje, como la manera de la que estos mismos hablantes estructuran la lengua en uso. Maite Taboada –investigadora de la Universidad Simon Fraser (Canadá)– explica a lo largo de estas páginas diferentes concepciones del género discursivo elaboradas en el seno de esta escuela, y realiza una revisión de los trabajos más destacados en el marco de esta perspectiva teórica, como son los de Hasan (1977), Eggins y Martin (1997) o Martin y Rose (2003, 2008).
A continuación, Florencia Miranda –profesora de la Universidad Nacional de Rosario (Argentina) y del Centro de Lingüística-UNL (Portugal)– estudia el lugar de los géneros en el marco del interaccionismo sociodiscursivo, un movimiento iniciado en la década de 1980 en la Escuela de Ginebra por Paul Bronckart, y al que pertenecieron por ejemplo Bernard Schneuwly o Joanquim Dolz. Esta teoría propugna el desarrollo de una concepción integral del funcionamiento del lenguaje que analice con detalle el “proceso de producción textual, en tanto que principal práctica de lenguaje” (p. 83). Quizás el aspecto más interesante de dicha propuesta sea la consideración del ‘architexto’ (Genette, 1982; Bronckart, 2005) como “el repertorio de géneros disponibles en una comunidad” (p. 75). Este concepto se define como una nebulosa dotada de una estabilidad relativa, es decir, en permanente cambio –especialmente en el plano semiótico–. No en vano, desde esta perspectiva los géneros se conciben como “cristalizaciones momentáneas” (p. 75) capaces de modificarse a medida que van cambiando las actividades humanas y los recursos de las lenguas naturales. Tal vez esto contribuya a explicar la imposibilidad manifiesta hasta ahora de elaborar una clasificación de los géneros definitiva y lo suficientemente satisfactoria.
No podía faltar en esta monografía una panorámica del estudio de la cuestión genérica desde el ámbito de la lingüística del texto. De hecho, en el seno de dicha escuela va cobrando cada día más relevancia una rama reciente denominada ‘lingüística de los géneros’ (Textsortenlinguistik, Adamzik, 2004). Como explica Guiomar Ciapuscio –profesora de la Universidad de Buenos Aires–, predomina aquí el enfoque cognitivo-comunicativo (Heinemann y Viehweger, 1991) centrado en el análisis de los aspectos que se ponen en juego en la producción y el procesamiento de los textos. No interesa tanto la consideración del texto como producto acabado, como el carácter procesual que este ostenta y la multiplicidad de conocimientos –enciclopédicos, lingüísticos, interaccionales y situacionales o tipológicos– que su interpretación exige. Además, cada texto concreto se concibe como una muestra de una categoría o género, lo que puede contribuir a explicar el concepto de género como una agrupación de textos fundamentada en rasgos, cualidades o atributos comunes referidos a sus dimensiones constitutivas y distintivas. Los postulados de esta corriente han contribuido a precisar y definir desde el punto de vista teórico la denominada ‘competencia del traductor’, ya que esta descansa en buena medida en la noción de género, como demuestra la profesora Ciapuscio al ofrecer la propuesta de traducción al castellano de una insólita entrada de teatro redactada en alemán. En ella se trata de disuadir a los asistentes al espectáculo de tomar fotografías o hacer grabaciones de la función amenazándoles con darles “una paliza”; se les advierte de que no deben extraviar sus pertenencias, ya que no se les comprará “ropa nueva”; o se reconoce que “fumar es supersano y sociable”, por lo que se recomienda hacerlo después de la actuación. Este sorprendente texto, cuya traducción exige poner en práctica toda una serie de conocimientos que van más allá de la competencia léxica o gramatical, sirve para demostrar cómo en la monografía que reseñamos se ha puesto especial cuidado en ilustrar los postulados teóricos expuestos con ejemplos reales dotados de cierta amenidad, algo que nos lleva a recomendarla también por su carácter pedagógico.
El último de los estudios que conforman la primera parte desarrolla un enfoque cuyos fundamentos tienen su origen en la antropología lingüística, el análisis crítico del discurso y la sociología de la práctica. En él, Isolda Carranza –investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Argentina)– sustenta sus afirmaciones en los trabajos de Kress (2003) y Hanks (1987) para mostrar el relevante papel que desempeñan los géneros en la vida social, ya que la producción de un texto no constituye únicamente un proceso lingüístico, sino que se trata también de un proceso sociocultural. Este capítulo resulta especialmente revelador para aquellos investigadores que nos venimos interesando por el devenir del discurso digital, puesto que plantea el problema del origen de nuevos géneros, y de las relaciones dentro de una “ecología de géneros” en la que algunos de reciente creación implican la redefinición de las funciones y de las principales características de los que cuentan con una larga tradición.
Ya hemos puesto de manifiesto más arriba cómo la segunda parte tiene un carácter eminentemente empírico. Así, como complemento de su estudio teórico precedente, el profesor Charaudeau presenta en el capítulo sexto un intento de tipologización del discurso de la propaganda. Por ejemplo, analizando el contexto situacional y los principales factores que intervienen en el discurso propagandístico, lo caracteriza como un tipo de discurso susceptible de materializarse en diferentes géneros en función de la legitimidad del hablante, la naturaleza del objeto del habla y la posición asignada al destinatario. Esto le lleva a identificar, dentro del ámbito propagandístico, al discurso publicitario como un “contrato de semi-ingenuos” (p. 128), al discurso promocional como “un contrato de bienestar colectivo” (p. 129), al discurso mediático como “un contrato de información ciudadana” (p. 130) o al político como “un contrato de bienestar de la ciudadanía” (p. 131).
No podía faltar tampoco aquí una investigación centrada en el análisis de la interacción verbal coloquial, pues mucho se ha discutido si esta puede caracterizarse como un género en sí misma, especialmente desde la lingüística sistémico-funcional (Eggins y Slade, 1997). Este tema es abordado por Luisa Granato –profesora de la Universidad Nacional de La Plata (Argentina)–, quien se sirve de la distinción de Bajtín (1979 [2005]) entre ‘géneros primarios’ y ‘géneros secundarios’ para inscribir a la conversación dentro de los primeros. Sin embargo, ello no le impide reconocer que, de un modo similar a como acontece con los géneros secundarios, a pesar de su elevado grado de variabilidad pueden identificarse en la interacción coloquial estrategias retóricas comunes. Por ejemplo, en un corpus de sesenta interacciones entre estudiantes universitarios la autora identifica rasgos de intertextualidad e interdiscursividad recurrentes que se asocian con los planos interactivo y autónomo de la interacción. Estos planteamientos resultan de gran interés, si bien se echa de menos la referencia aquí a los trabajos de algunos investigadores que vienen dedicándose desde hace décadas al análisis del discurso oral en español –cfr. por ejemplo Narbona Jiménez, 1988, 1990, 1991; Cortés Rodríguez, 1986, 1992, 1996; o Briz Gómez, 1996, 1998, 2000, entre otros–.
El discurso académico especializado es el objeto de estudio del trabajo de Susana Gallardo –profesora de la Universidad de Buenos Aires (Argentina)–. En concreto, este se ocupa de comparar las similitudes y diferencias entre las tesis doctorales sobre dos disciplinas muy diferentes, como son la lingüística y la biología. Tal comparación se lleva a cabo desde la óptica de la lingüística textual y desde la de la teoría de la valoración (Hunston y Thompson, 2003; Martin y White, 2005). Por ejemplo, si bien existen notables diferencias en el nivel de estructuración temática y en el de la formulación léxico-gramatical, es posible encontrar grandes semejanzas en los rasgos funcionales y situacionales, ya que toda tesis puede encuadrarse entre los géneros de iniciación a la investigación, y por tanto “posee la función principal de dar a conocer una investigación original y la función subsidiaria de persuadir a la audiencia sobre la validez de los resultados” (p. 194). Además, se detectan equivalencias en los movimientos retóricos y en la estructuración, que suele reproducir la configuración global de los artículos de investigación. Este trabajo tiene también una clara finalidad pedagógica, ya que puede servir de orientación a los alumnos que están comenzando a realizar sus estudios de doctorado.
En el siguiente capítulo, Florencia Miranda retoma el modelo discursivo desarrollado en el marco del interaccionismo sociodiscursivo descrito por ella misma en la primera parte de esta monografía, y lo complementa con otras aportaciones llevadas a cabo desde el análisis del discurso para presentar un instrumento de análisis que permite dar cuenta de cómo tiene lugar el proceso de ‘intertextualización’. Este consiste en construir un texto produciendo “un efecto de co-presencia de géneros, porque se origina en (y se percibe como) un cruzamiento de características de dos o más géneros en un mismo texto” (p. 210). El instrumento propuesto por esta investigadora puede resultar de gran utilidad para la caracterización de textos de carácter híbrido, como por ejemplo los publicitarios, en los que resulta frecuente que se entremezclen rasgos del lenguaje periodístico de carácter informativo, con elementos de ficción.
El estudio de la confluencia de géneros es también el objeto central del trabajo presentado por Adriana Bolívar –profesora de la Universidad Central de Venezuela–, que demuestra cómo los géneros políticos y mediáticos se interrelacionan dando lugar al macrogénero ‘crisis diplomática’. Ya Bazerman (1994: 97) advirtió de la necesidad de estudiar los sistemas de géneros como “géneros interrelacionados que interactúan entre sí en escenarios específicos”. Sin embargo, la novedad del trabajo de Adriana Bolívar radica en que aúna los postulados de la lingüística sistémico-funcional, la pragmática, el análisis crítico del discurso y el análisis de la conversación para demostrar cómo la interacción dialógica entre los actores políticos, los medios y los ciudadanos permite configurar un macrogénero. Además, su análisis resulta fundamental para entender la complejidad de las relaciones diplomáticas actuales, ya que analiza más de cuatrocientos textos vinculados con los conflictos surgidos en los últimos años entre Venezuela y México, Venezuela y Perú, Venezuela y España o Colombia y Ecuador. Las recurrencias encontradas en los textos de este amplísimo corpus le permiten demostrar cómo los géneros que conforman este macrogénero trascienden los límites nacionales para alcanzar una dimensión global.
Esta obra concluye con el trabajo de Martha Shiro, que constituye una aproximación al análisis del desarrollo de los géneros discursivos en el habla infantil, centrándose en el caso particular de la narración. Como esta investigadora pone de manifiesto, la conformación de la comunidad en la que crece el niño y los contextos situacionales peculiares en los que debe aprender a desenvolverse tienen una enorme influencia en la adquisición progresiva de las destrezas vinculadas con el desarrollo de sus habilidades narrativas. Estas pueden seguir desarrollándose durante la adolescencia, y además no solo varían con la edad, sino también con el sexo y el nivel socioeconómico. Por tanto, este estudio sirve para poner de manifiesto que la caracterización de un género no solo debe fundamentarse en el análisis de la presencia de ciertos rasgos textuales, sino que es preciso tener en cuenta también la función discursiva que estos desempeñan y la incidencia de otros factores de carácter contextual.
De todo lo dicho se desprende que el valor de esta monografía es doble. Por una parte, porque sirve para mostrar el interés creciente que suscitan los estudios sobre los géneros discursivos desde múltiples perspectivas; y por otra, porque demuestra la viabilidad de estas propuestas para el análisis empírico de textos que producimos y consumimos a diario. Por tanto, además de constituir un instrumento pedagógico de gran utilidad para los docentes dedicados a la enseñanza del español como lengua materna en los distintos niveles educativos –enseñanza primaria, secundaria y universitaria– o como lengua extranjera, puede servir de acicate para emprender futuras investigaciones, por lo que esperamos que esta iniciativa de profundizar en las posibilidades descriptivas y explicativas de los géneros en la vida social se perpetúe con sucesivas publicaciones como la reseñada. Y es que, como nos recuerda Martha Shiro, “no seríamos capaces de aprehender el mundo que nos rodea sin recurrir a clasificaciones y sin establecer tipologías” (p. 14). Recordemos por ejemplo este conocido texto de Borges:
“Los animales se dividen en: a) pertenecientes al Emperador; b) embalsamados; c) amaestrados; d) lechones; e) sirenas; f) fabulosos; g) perros sueltos; h) incluidos en esta clasificación; i) que se agitan como locos; j) innumerables; k) dibujados con un pincel finísimo de pelos de camello; l) etcétera; m) que acaban de romper el jarrón; n) que de lejos parecen moscas” (Borges, 1974: 708).

Referencias bibliográficas

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Versión en PDF:
http://www.infoling.org/reviews/pdfs/NB650.pdf

Información en la web de Infoling:
http://www.infoling.org/resenas/Review168.html

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Acerca de María Pizarro Prada

Las Palmas de Gran Canaria, 1979. Ph.D, Brown University, con una tesis sobre la pregunta por la verdad en novela policial, estudiada siguiendo el paradigma del trasatlantismo. Licenciada, DEA y Posdoc en Hispánicas por la Universidad de Salamanca (2001, 2004 y 2013). Me interesa la literatura mexicana, colonial y siglo XX-XXI en particular; la novela policiaca en general y la poesía, sobre todo aquella con tema insular.

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